DIEGO EL CURIOSO
El ser humano necesita evaluar hasta donde puede llegar. Ponerse metas, superarlas y volver a cuestionar sus límites. Los niños, más curiosos todavía si cabe, exploran, estudian, interaccionan con su entorno de un modo temerario, enarbolando el ¿Qué pasaría si? por bandera. Es por eso que meten los dedos en los enchufes, se tiran en cada libre desde sofás y sillones y bajan -es un decir-escalones más grandes que ellos sin pararse a pensar que la expresión 'besar el suelo' no tiene ninguna de las características que hacen apetecible besar, por ejemplo, a una persona. El suelo es frio y duro amiguitos, no lo beséis, a no ser que seáis el Papa.
Pero así son las cosas: la investigación, el descubrimiento constante es necesario para su desarrollo... El problema es que, a veces, la temeridad de las primeras etapas de la vida unida a un exceso de énfasis provoque que la curiosidad les termine jugando malas pasadas.
Pongamos un ejemplo:
Jijiji...he metio la cabeza aquí y m' han dao un chupachús. !Esto es un filón!!Mañana lo hago otra vez!
Varias preguntas se agolpan en mi mente y pugnan por pasar de mi cabeza a mis dedos y de ahí al teclado: ¿Que puede haber pasado por la cabeza del zagal éste para meter la cabeza por el agujero de la silla?¿Que pensaría Freud sobre meter la cabeza en una silla con forma de pelvis?¿Que pensaría de mí por ver una pelvis en una silla? En fin...
Tengo que confesar que me he reído la gana, e incluso he pensado: ¡Jajaja! !Que niño más bobo!.Cosa de lo cual me avergüenzo profundamente,toda vez que yo, ya mayorcito tuve un momento de bastante tensión en la que se vieron involucrados unos barrotes y mi brazo.
Como iba diciendo, estaba riéndome tranquilamente frente a mi ordenador cuando escucho a mi primogénito proferir gruñidos intercalados por mamáes y papáes en el comedor...¿Se habrá caído, one more time? ¿No le gustarán los dibujos que echan en ese momento y como el malandrín es muy sibarita me llama para que se los cambie? Raudo y veloz voy al comedor y me encuentro con ésto:
En efecto, el amigo Diego había decidido adentrarse en los ignotas entrañas del sofá y después no supo como salir.
Ay que ver, la ternura que puede llegar a provocar un hijo.






bruxana dijo
Ja, ja, ja...
Hola Tony:))
Que divino!!! Y qué alto está, dicho sea de paso...;)
Nada, en cuanto descubra que es fácil salir de debajo de la tela del sofá... ya encontrará otras utilidades para ésta: tienda de campaña, capa de superheroe, lienzo para estampar su talento con las témperas...
Y lo del niño y la silla..., en fin, que meter la cabecita entre los barrotes de la barandilla de la terraza es casi un clásico... Y alguno he conocido que los metió entre los pasamanos a distinto nivel de la escalera de su bloque de pisos (hecho en plenos 70', ni medidas de seguridad ni gaitas: unos huecos...!!!!), y hubo que recurrir a paciencia, aceite...
En estos casos, me suelo acordar de Gila y el chiste del cañón: "¿Que le demos jabón para sacarle la cabeza? Ya, ya lo hacemos, pero se le está poniendo el pelo rubio".
Besos a repartir:))
25 Octubre 2008 | 06:51 PM